Marco Corral / Miguel Angel Casillas
La realización de obras hidráulicas es una de vertientes que el Gobierno de Jalisco ha fortalecido con apoyo del Gobierno federal en los últimos dos sexenios, como es el caso de la zona costera.
Concretamente el municipio de Cihuatlán se beneficia con dos proyectos, uno, el de la construcción de la presa “El Pedregal”, en la zona de Lázaro Cárdenas, embalse que se construye para prevenir, primeramente, el embate del arroyo El Pedregal y su consecuente desbordamiento con inundaciones a poblados como San Patricio – Melaque y Villa Obregón; y el segundo, más ambicioso, el de la construcción de la presa “El Naranjo II”, obra que se lleva a cabo con la participación del Gobierno federal y el de los estados de Colima y Jalisco.
Este último proyecto, que comprende la construcción de un embalse con capacidad de unos 149 millones de metros cúbicos, permitirá incorporar una importante superficie de ambas entidades al riego, y el abastecimiento de agua para varias localidades.
En los tres últimos años el Gobierno de Jalisco, su Gobernador, Emilio González Márquez, ha destacado el impulso que se ha dado a la construcción de presas a lo largo del territorio jalisciense.
Pero en la historia de los proyectos de obras hidráulicas en la entidad destaca la necesidad que tiene la zona metropolitana, Guadalajara, del vital líquido, y en torno a esta necesidad giran los proyectos principales.
El río Verde, en la zona de Los Altos, ha sido el centro de los proyectos que plantean alternativas para el abasto de agua a la gran ciudad desde la tercera década del siglo XX, cuando por primera vez se escuchó el nombre del proyecto La Zurda.
Durante los siguientes 60 años, hasta ahora, unos nombres han seguido a otros, pero el objetivo siempre ha sido el mismo: construir presas a lo largo del río para acumular agua y conducirla hasta las redes de distribución en la ciudad.
En los últimos dos años la pasarela de nombres que refieren proyectos para construcción de presas han sido, principalmente en Jalisco y Guanajuato: San Nicolás, Loma Larga, El Zapotillo; cada uno refiere una presa en distintos puntos del río Verde, pero con la misma intención política de negociar agua para darle abasto a la capital tapatía.
Sin embargo, desde el su inicio como meros proyectos, ya van llenas de mentiras de quienes son parte de la administración pública, quienes aseguran que no hay estudios ni opciones, pero tienen los proyectos necesarios y los proyectos alternativos archivados; y de fantasías de quienes viven en los pueblos que son amenazados con afectarlos por las obras hidráulicas porque, unos, esperan que las presas lleven muchas fuentes de empleo, y otros, que creen que habrá más agua para las ciudades y también para ellos, para sus actividades agropecuarias.
Y para los inversionistas y constructores la ilusión más grande es la de poner manos a la obra, porque la construcción de una presa implica una cuantiosa inversión que vista en el espejo significa un gran negocio tanto por la obra en sí, como por los beneficios que el embalse representará y los amarres político-económicos que se podrían hacer.
Ni hablar de la ilusión de los guanajuatenses, que con un acueducto conectado a las redes de distribución podrán crecer su mancha urbana con nuevos fraccionamientos, y también podrán negociar agua del Lerma, de las presas que la retienen, para que “se salve Chapala”, lo que será muy bien visto por los políticos en Jalisco.
El proyecto de la presa “El Zapotillo”, es el de la construcción de una presa que, antes de ser construida, ya va llena de mentiras, de amenazas, y hasta de temor.
Los habitantes de los habitantes de los poblados Temacapulín, Acásico y Palmarejo, se muestran en su mayoría temerosos de ser desalojados por la fuerza para dar pie a la construcción de la presa.
Temen que el proyecto “El Zapotillo”, a costa de su patrimonio y su historia, pasen a la lista de los embalse construidos por el actual Gobierno del estado.
Fuente: EL CORREO DE MANZANILLO - www.correodemanzanillo.com.mx
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